" Todo esto surge a partir de un desengaño, una pérdida, una decisión que no tiene vuelta atrás, un amor que podría haber sido grande, algo que ya está perdido. La reflexión se exalta como único medio de recuperación y búsqueda personal, para encauzar de nuevo un camino difuso e intentar ser feliz. Es pues el objetivo principal de este blog, la transmisión de ideales sobre temas relacionados con la pérdida de personas esenciales en nuestras vidas a la vez que la empatización con todo aquel que quiera ver más allá de las simples palabras. No pretendo conmover a nadie ni abrirles los ojos, unicamente pretendo que me entiendad y que sepan valorar la tremenda felicidad que tienen cuando su vida es completa."


Verín 2013

jueves, 4 de julio de 2013

Pausa.Arte.Reanudación.

              Yacían ambos en la esponjosa superficie de ese viejo colchón, mullido por las cientas de noches que él había dormido encima suya, un colchón con el mismo olor que su pelo y ahora diluido en el perfume claro a la vez que intenso de la piel de la mujer más bella, delicada, y preciosa que había visto en su vida. Los ojos de la mujer brillaban mientras la luz atravesaba furtivamente su iris acaramelado, se movían lentamente y hacían que su hombre cada vez estuviese más impresionado y obsesionado por la preciosidad a la que la madre naturaleza  había dado a luz. Sus labios permanecían sonrojados, perfectos , y completamente inmersos en un alegre mar de canónicas facciones, iluminadas por el único foco de luz que salía de ella misma, un foco que permanecía constante y dirigido hacia la dulce impresión que la perfección resaltaba en una mujer que, sin duda, brillaba por encima de todas las demás.  A pesar de que la suavidad de una piel sea únicamente apreciable al tacto, todos los sentidos de un hombre podrían percibir como las controladas curvas de su cuello, su delgado y blanco cuello, se recubrían del más lujoso y aterciopelado de los materiales. Los olores corporales de ambos se mezclaban en una perfecta sinfonía y harmónicos encajaban destilando  un simétrico aroma que sumergia la habitación y la condenaba a su permanencia durante meses.

                Cuando su cabeza se apoyó sobre el pecho de el, este podía sentir el latido de su corazón, una de las maravillas de la vida ahora se encontraba a apenas unos milímetros de su oído y podía incluso percibir su presencia. Tímidamente la  pierna de la dama estaba apoyada sobre la de él y la respiración lenta y acompasada le indicaba que el sueño se había apoderado de  ella y ahora descansaba su cuerpo tendido e inmóvil, tranquilo, relajado, feliz. La tenue luz de una lámpara de aceite iluminaba la estancia y parpadeaba mínimamente a medida que el combustible se consumía, se respiraba un aire cálido mezclado con pequeñas trazas de humo y el abanico arómatico se hacía más y más complejo cuando la madera de las puertas y los muebles subia su temperatura por el calor humano. Esta dejaba libre un olor que a el le recordaba su aldea: madera vieja, blanda y desgastada por los años, barnizada por capas que habían sido aplicadas tras el paso de los años para preservar una estructura que claramente había sido deteriorada por el tiempo.

                Poco a poco, el sueño se apoderaba en este caso de el también, el cansancio tras un duro día de estudio y perseverancia por conseguir un sueño que claramente acabaría por los suelos, un sueño que jamás llegaría a hacerse realidad y que siempre permanecería en su recuerdo como una meta enquistada,  hacía que los párpados cayeran y como un telón dieran fin al teatro de la vida. Fue curioso como el sueño invadio la mente del chico, pues de alguna manera el se sentía protegido por la presencia de la mujer y no tenía miedo en absoluto de que nada pudiera pasarle si ella estaba al  lado, confíaba plenamente en que , a pesar de que los dos estuvieran dormidos, su vida era feliz, completa y perfecta. La respiración se ralentizó, el corazón bajó su intensidad y su ritmo hasta prácticamente acoplarse y sumirse en el olvido, la mente se abstraía poco a poco de la que se concebia como realidad, y en el momento más esperado el silencio fluyo por el interior de sus venas. Nada podría parar ahora la libertad de un mundo nuevo, imaginario, sin problemas ni limitaciones excepto el hecho de que nada era real.

                La habitación estaba oscura, las paredes de caoba emitían ahora una impresión de frio ébano a la luz de la luna, y las cortinas dejaban pasar la poca luz que la densa capa de nubes imprimía a través de la lluvia que irrigaba los campos. El corazón latía igualmente despacio, pero sin ilusión por seguirlo haciendo durante mucho tiempo y sin la seguridad de que hubiera nadie que lo protegiera , lentamente también se ralentizaba a la par que la respiración que ahora introducia frio aire en los pulmones, impolutos de ningún tipo de contaminación pero inmersos en una nube de niebla densa y pesada que nadie podría quitar por el simple motivo de que realmente ella no estaba a su lado, ella jamás lo estaría, y el verdadero futuro  era la soledad. Nunca nada sería real.

                El despertador lo aturdió a las 8:30 con un fuerte y alarmante sonido del que ni siquiera se preocupo en extinguir, miro su blanca piel con una luz húmeda y desalentadora que inundaba la estancia, y prosiguió su férreo protocolo de asearse y vestirse para emprender un nuevo viaje hacia un destino incierto. Subio descalzo las escaleras que lo separaban de su despacho temblando, y con el bello de todo su cuerpo erectado como resultado del frio contacto con la baldosa, cada vez tenía menos tiempo para llegar a su puesto de trabajo y debía darse prisa en haber sus obligaciones como huésped de aquella exasperante mansión. El tiempo transcurría mientras el, perdido por aquella casa, intentaba despertarse definitivamente y olvidar todo aquello que se había construido en su mente. Un café, dos, tres,cuatro y sus pupilas se dilataron, su corazón se aceleró. Cogió las llaves del coche y se dirigió al garaje, hizo el contacto y se incorporó al denso tráfico matutino que cada vez más fuerte azotaba el áspero asfalto.

                En ese momento sonaba en la radio “Rhapsody in Blue” , el  odiaba esa canción a pesar de sentir una verdadera pasión por la música clásica y dirigió su mirada al potenciómetro de ese viejo y polvoriento aparato. Cuando de nuevo levanto la vista vio un camión aproximándose rápidamente hacia su coche, pero no frenó. Se limitó a pisar el embrague y a esperar la colisión. Fueron sus últimos momentos.

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